domingo, 4 de enero de 2015

¿Qué harás en el futuro?


Últimamente es una pregunta que retumba constantemente mi cabeza; empieza un nuevo año y por consiguiente debo pensar en planes, en metas, en objetivos reales y que esté dispuesta a alcanzar. Pero ¿Es necesario planear un futuro? ¿Es de vital importancia tener todo tan minuciosamente controlado para tener un futuro seguro? A estas alturas de mi vida contesto por educación a lo que me dedicare cuando tenga las responsabilidades que adquirimos de adultos, solo para que mis padres se sientan orgullosa de la hija que criaron o para que no crean que sigo perdiendo el tiempo en estudios que no tienen nada que ver con mi vocación.
En diversos diálogos acerca de personas que a mi edad ya saben qué hacer con sus vidas o que han comenzado a ejecutar su plan de: “Mi futuro comienza a construirse aquí mismo y ahora” me digo a mi misma: ¡Que carajos! Esto no ayudara acabar el hambre, la pobreza, los corruptos, la ignorancia, y lo más terrible que pienso cuando me hago la película del futuro de los demás, es que no quiero caer en eso, sería como tener la peor de las enfermedades, que es la indiferencia que se enriquece cada vez más a medida que se va alcanzando escalón por escalón, en ese futuro tan excluyente con el mundo que me da pavor de solo pensarlo.
Así que la próxima vez que me vuelvan a preguntar que hare con mi futuro, a lo mejor sonreiré sin ninguna respuesta oculta tras una mirada excitada, pero al menos con la certeza de que no será un final agonizante de esos que visto en tantos, sino que dentro de ese inicio de boceto de futuro no solo estaré yo como protagonista, sino un intento por tratar de continuar ese plan por un mundo mejor que muchos ya han empezado.